LA NULIDAD DEL MATRIMONIO

La nulidad del matrimonio

De acuerdo con el ordenamiento legal español, la nulidad del matrimonio es un recurso legítimo que se habilita cuando  se producen  vicios o defectos de carácter legalnulidad matrimonial que impiden que la relación pueda tener efectos entre los involucrados o ante terceros. Esta acción se diferencia del divorcio, considerado como la disolución de un matrimonio válido, solicitada por uno o ambos cónyuges.

En el artículo 73 del capítulo VI del Código Civil, CC, se dispone como razones para proceder a  la nulidad de un matrimonio, cuando éste se ha realizado sin el consentimiento de alguna de las partes o sin la intervención de un Juez o funcionario autorizado para ello, sin la presencia de testigos, cuando ha existido coacción de alguno de las partes o por error en el asentamiento de la identidad de alguno de los contrayentes o quien los represente.

Según el artículo 81, Capítulo VII del CC se decretará judicialmente la separación, “cualquiera que sea la forma de celebración del matrimonio a petición de ambos cónyuges o de uno con el consentimiento del otro, una vez transcurrido el primer año del matrimonio. Deberá necesariamente acompañarse a la demanda la propuesta del convenio regulador de la separación, conforme a los arts. 90 y 103 de este Código” o a petición de uno de los cónyuges, cuando el otro esté incurso en causa legal de separación.

Sin embargo, Abogados especialistas derecho matrimonial, señalan que no todas las acciones de solicitud de nulidad del matrimonio proceden, debido a que el Juez no acordará la nulidad de un matrimonio por defecto de forma, si uno de los cónyuges lo contrajo de buena fe, según se establece en el artículo 78 del Código Civil, siempre que no se haya producido coacción alguna a los contrayentes.

Matrimonio Civil y Eclesiástico

Existe una diferencia en los procedimientos a seguir para la anulación de los dos tipos de matrimonio, el civil y el eclesiástico. La anulación del primero se tramita ante los juzgados civiles, mientras la nulidad eclesiástica es declarada por los Tribunales Eclesiásticos. No obstante, se reconocen las actuaciones de los tribunales eclesiásticos, mediante la satisfacción de procedimientos establecidos en el CC para garantizar el efecto de las decisiones que allí se produzcan.

En este sentido, existen tribunales eclesiásticos de primera y segunda instancia en cada Diócesis, constituidos por tres jueces, quienes son los encargados de procesar las solicitudes de nulidad de matrimonios eclesiásticos. Este largo proceso inicia con una demanda o “dubio” interpuesta por un abogado y un procurador ante el Tribunal Eclesiástico ubicado en el lugar de domicilio de uno de los contrayentes.

En diciembre del año pasado, el Papa Francisco mediante el Motu Proprio Mitis Ludex Dominus Lesus2, reformó el proceso canónico de declaración de nulidad mediante la supresión de la segunda instancia y propuso la gratuidad del proceso, mediante la reducción o la eliminación de las tasas judiciales en los tribunales eclesiásticos.

Abogados consultados señalan que en el artículo 80 de CC, se dispone que “las resoluciones dictadas por los Tribunales eclesiásticos sobre nulidad de matrimonio canónico o las decisiones pontificias sobre matrimonio rato y no consumado tendrán eficacia en el orden civil, a solicitud de cualquiera de las partes”, siempre que se declaren ajustados al Derecho del Estado, mediante resolución del Juez civil competente.

Efectos de la nulidad del matrimonio

La declaración de nulidad del matrimonio no invalida los derechos de los hijos producto de la relación matrimonial  o los  del contrayente o contrayentes que hayan actuado de buena fe, ya que la Ley ampara a quien haya procedido sin intención de dolo o fraude en el acto matrimonial y garantiza el respeto a la máxima de que “la buena fe se presume”.

De acuerdo con el artículo 90 del CC, luego de declararse la nulidad del matrimonio,  corresponderá al juez determinar quien será la persona que cuidará a los hijos, quienes estarán sujetos al régimen de patria potestad compartida, así como las condiciones para el ejercicio de este derecho, las características del régimen de visitas, la comunicación con los hijos y la estancia de éstos con el progenitor que no viva con ellos.

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